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Agrupación de Fabricantes de Cemento de Andalucía
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Historia del Cemento

Hasta el siglo XVIII puede decirse que los únicos conglomerantes utilizados en la construcción fueron los yesos y las cales hidráulicas, sin embargo, es durante este siglo cuando se da un nuevo impulso en el conocimiento y la tecnología del cemento.

John Smeaton, ingeniero de Yorkshire (Inglaterra), al reconstruir el faro de Eddystone en la costa de Cornish, se encuentra con que los morteros formados por la adición de una puzolana a una caliza con alta proporción de arcilla eran los que mejores resultados daban frente a la acción de las aguas marinas y que la presencia de arcillas en las cales, no sólo no perjudicaba sino que por el contrario, las mejoraba, haciendo que estas cales fraguasen bajo el agua y que una vez endurecidas fuesen insolubles en ella.

El padre del cemento tal y como lo conocemos hoy es Vicat, a él se debe el sistema de fabricación que sigue empleando en la actualidad y que propuso en 1817. Vicat fue un gran investigador y divulgador de sus trabajos; en 1818 publicó su “Recherches experimentales” y en 1828 “Mortiers et ciments calcaires”. En estos trabajos marca la pauta a seguir en la fabricación del cemento por medio de mezclas de calizas y arcillas dosificadas en las proporciones convenientes y molidas conjuntamente. El sistema de fabricación que empleó Vicat fue el de vía húmeda y con él marcó el inicio del actual proceso de fabricación. Este gran científico empieza a estudiar en 1853 la acción destructiva del agua de mar sobre el mortero y el hormigón.

En 1824, Joseph Aspdin, un constructor de Leeds en Inglaterra, daba el nombre de cemento portland y patentaba un material pulverulento que amasado con agua y con arena se endurecía formando un conglomerante de aspecto parecido a las calizas de la isla de Portland. Probablemente, el material patentado por Aspdin era una caliza hidráulica debido, entre otras cosas, a las bajas temperaturas de cocción empleadas.

En 1838 Brunel emplea por primera vez un cemento procedente de la fábrica de Aspdin en el que se había logrado una sinterización parcial por elección de una temperatura adecuada de cocción. Este cemento se aplicó en la construcción de un túnel bajo el Támesis en Londres.

Puede decirse que el prototipo del cemento moderno fue producido a escala industrial por Isaac Johnson, quien en 1845 logra conseguir temperaturas suficientemente altas para clinkerizar la mezcla de arcilla y caliza empleada como materia prima.

El intenso desarrollo de la construcción de ferrocarriles, puentes, puertos, diques, etc., en la segunda mitad del siglo XIX, da una importancia enorme al cemento y las fábricas de éste, especialmente las de cemento natural, empiezan a extenderse por doquier.

Es a partir de 1900 cuando los cementos portland se imponen en las obras de ingeniería y cuando empieza un descenso veloz del consumo de cementos naturales.

Actualmente, el cemento ha llegado a una gran perfección y es el material industrializado de construcción de mayor consumo, destinándose prácticamente toda su producción, a la fabricación de hormigones.

Las investigaciones llevadas a cabo por Michaelis y Le Chatelier, en 1870 y 1880, fueron fundamentales y muy meritorias para el desarrollo de este material. En ellas se apoya toda la investigación actual que emplea técnicas de análisis muy sofisticadas y rápidas.
El origen de los conglomerantes hidráulicos hay que buscarlo en la más remota antigüedad. Hace 5.000 años aparecen en el norte de Chile las primeras obras de piedra unidas por un conglomerante hidráulico procedente de la calcinación de algas, estas obras formaban las paredes de las chozas.

La civilización egipcia conocía el uso de morteros de yeso y de cal. Estas técnicas eran empleadas en las grandes construcciones monumentales.

Existen testimonios históricos de la construcción de muros de piedras y arcillas en Troya y Micenas, si bien, se data en unos cien años a.C. de la construcción de bóvedas de hormigón confeccionado con un mínimo de técnica.

El paso más importante en la tecnología de los conglomerantes hidráulicos hasta entrado el siglo XVIII lo darán los romanos. Se descubre un cemento obtenido de la mezcla de cenizas volcánicas y cal. En Puteoli, conocido hoy como Puzzuoli se encontraba un deposito de estas cenizas, de aquí que a este cemento se le llamase “cemento de puzolana”.

Agripa construye en el año 27 a.C. el Panteón en Roma, que sería destruido por un incendio y reconstruido posteriormente por Adriano en el año 120. Su cúpula de 44 metros de luz (no superada ésta hasta varios siglos después) está construida en hormigón.
La primera fábrica de cemento artificial se inaugura en España en 1898 en Tudela Veguín (Asturias). El comienzo de la industria cementera española se produce con 50 años de retraso respecto a la europea.

A principios del siglo XX se fundan la Sociedad Comanditaria Hijos de J. M. Rezola, la Compañía General de Asfaltos y Portland Asland, S.A. y la Sociedad de Cementos Portland de Pamplona con su fábrica en Olazagutía. Tras atravesar por dificultades derivadas de la inexperiencia y dependencia tecnológica, el sector se ve impulsado por una época de crecimiento económico en los años previos a la Primera Guerra Mundial.

En los años 20 se triplicó la producción y se duplicó la capacidad de producción gracias al auge de las obras públicas y de los sectores siderúrgicos, metalúrgicos e hidroeléctrico.

De esta forma, en 1929 se había alcanzado un máximo de producción de 1.550.000 toneladas que no se volvió a superar hasta después de la Guerra Civil.

La crisis del 29 produjo la caída de la producción que no se recuperará hasta 1935, si bien, se ve truncada por el estallido de la guerra.

La capacidad de producción al inicio de la guerra era de 2.600.000 Tm. anuales con 29 fábricas de cemento Pórtland que contaban con un total de 49 hornos rotatorios y 32 verticales. Esta capacidad no se modificó hasta 1942.

Si bien las instalaciones no sufrieron de forma sensible durante la guerra, continuaban los problemas propios de la industria cementera española: carbones de bajo poder calorífico e irregulares en el suministro y la dependencia tecnológica del extranjero.

Las labores de reconstrucción incrementarón notablemente la demanda, tanto que la industria era incapaz de suministrar las cantidades que se le solicitaban produciéndose importantes estrangulamientos en la construcción.

La producción alcanzó las 3.000.000 Tm. en 1950 y se instalaron 3 nuevas fábricas. En 1949 se creó el Instituto Técnico de la Construcción y el Instituto del Cemento.

Durante los años 50 se produjo un rápido crecimiento industrial que favoreció al sector cementero. En esta época empieza a generalizarse el transporte del cemento por carretera en detrimento del ferrocarril, las fábricas se distribuyen por todo el territorio, excepto donde no existen materias primas y el saco de papel sustituye al de fibra.

En 1959 se adopta el método ISO-CEMBUREAU para el ensayo de resistencias.

Entre los años 1959 y 1972 se produce el boom cementero: el crecimiento de la industria, su producción y consumo se multiplicaron por 4.

Se realizó un importante esfuerzo inversor para aumentar la capacidad de producción en un 23% entre 1968 y 1971.

El aumento espectacular del consumo se debió sobre todo a las inversiones en construcción. Se importó cemento de países del Este, también de Italia y Portugal. Comenzó a generalizarse la venta al granel para la fabricación de hormigón en planta.

Entre los años 1973 y 1980 la crisis económica general y la recesión del sector de la construcción incidieron de forma clara en la industria cementera. Los excedentes nacionales se dedicaron a la exportación, situando a España en el primer puesto mundial en el 76.

La década de los 80, en la industria cementera, se caracterizó por los procesos de integración vertical, tanto hacia actividades de extracción y comercialización de áridos como hacia la fabricación de hormigones. Las inversiones se dedicaron a aumentar la capacidad y a mejorar la calidad, la productividad y la mejora del impacto ambiental.

En los 90, el crecimiento del sector se debió, sin duda, a la Obra Civil derivada de los grandes eventos internacionales (EXPO 92 de Sevilla y los JJ.OO. de Barcelona). También caracterizan a esta época: la continuación de un proceso de modernización progresiva de la industria y de adaptación de costes de estructura a la situación del mercado y la internacionalización de la industria por la apertura de las fronteras a los productos y los capitales.
La historia del cemento en Andalucía se remonta a 1902, cuando Cementos Gaditanos adquirió una ladrillera con la intención de reconvertirla en fábrica de cemento. Se trataba de la fábrica de Puerto Real, que tenía previsto producir 30.000 toneladas al año aunque apenas llegó a las 6.000. Al año siguiente, en 1903, Inocencio Romero de la Cruz construyó la fábrica de cemento y cal hidráulica Nuestra Señora de los Dolores, en Sierra Elvira (Granada). En 1906, la Compañía Hidroeléctrica El Chorro construye en Málaga una pequeña fábrica de cemento junto a la de carburo de calcio. Esta fábrica fue propiedad de Zalabardo y Cía.

Concluida la primera década del Siglo XX, la industria cementera española experimenta una fuerte aceleración. Se asientan diversas empresas en la zona centro de España para abastecer la demanda de la capital. Pronto la periferia industrial catalana también se suma al desarrollo cementero. La única región que queda escasamente abastecida es Andalucía. Afortunadamente, a la fundación en Málaga de la fábrica de “La Araña” (1918), origen de la actual “Cementos Goliat” , le siguieron otras dos fábricas: en 1923 surge Cementos Centauro en Atarfe (Granada); y en ese mismo año se crea también la Sociedad Andaluza de Cementos Portland, S. A., con la marca “Caballo”, que ubica su fábrica en Morón (Sevilla).

Durante el período de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), la industria del cemento en Andalucía se consolida gracias al auge de las Obras Públicas. Se proyectan los embalses del Guadalquivir, se construyen carreteras y regadíos, se celebra una exposición internacional en Sevilla (1929) y comienza a emplearse el cemento en la construcción de viviendas.

A pesar de la depresión económica mundial que comienza en el 29, España sigue su desarrollo, pues su política y estructura económica estaban poco vinculadas a las grandes corrientes mundiales. De hecho, en ese mismo año la Compañía General de Asfaltos y Portland, S.A. (Asland) decide montar una nueva fábrica en Córdoba.

No obstante, a inicios de los 30, la demanda de cemento cae y los precios suben considerablemente. Se crea la Junta Reguladora e Inspectora de la Industria del Cemento que desarrolló una amplia actividad legal.

Acabada la Guerra Civil, las tareas de reconstrucción se presentan como primera actividad de la nación. El cemento adquiere categoría de bien de primera necesidad y se crea una delegación del Gobierno que interviene en la distribución.

Durante la década de los 50, Andalucía, como otras zonas de España, se verá beneficiada por la política de construcción de presas.

Durante los años 60 comienza a crecer de forma desenfrenada el turismo en la Costa del Sol. El conocido como “boom turístico” tuvo una gran repercusión en el sector cementero andaluz.

A comienzos de los 70, los efectos de la crisis económica general y la fuerte recesión del sector de la construcción incidieron de forma clara en la industria cementera, generándose importantes excedentes que se dedicaron a la exportación. Las consecuencias derivadas de la “crisis del petróleo” darán al traste con las intenciones de construir una nueva fábrica en Riofrío. Sin embargo, en este período aumenta la capacidad de producción debido a la implantación de dos nuevas fábricas, Cementos Alba en Gádor y Hornos Ibéricos en Carboneras y, principalmente, a las ampliaciones de las instalaciones existentes. En este contexto, en 1974 Asland compra Cementos del Sur en Niebla (Huelva) para reforzar su política de exportaciones.

La crisis del petróleo obligó a acometer transformaciones en las fábricas de cemento para sustituir el combustible mayoritario, fuel-oil, por carbón.

A comienzos de los años 80, las exportaciones continúan siendo la salida de parte de la producción del cemento andaluz, no obstante, el descenso de la demanda internacional y la entrada de competidores operando a precios muy bajos redujo esta tendencia. Este descenso de las exportaciones se vio compensado con un aumento de la actividad en el mercado interior.

A finales de los 80 y principios de los 90, la industria cementera andaluza se consolida y, como el resto del sector de la construcción, se ve favorecida por el volumen de obras derivadas de las celebraciones del 92, en especial, de la Exposición Universal de Sevilla.

Ya entrados en los años 90, la coyuntura internacional (Guerra del Golfo, caída de regímenes de Europa del Este, nuevos competidores a precios inferiores, etc.) genera un incremento de la importación y una fuerte competencia de precios. Todo esto motivó que algunos propietarios históricos de fábricas andaluzas decidieran aprovechar ofertas de los líderes mundiales del sector, sirva de ejemplo, la entrada de Lafarge como accionista principal en Asland, de Italcementi en Financiera y Minera o de Holcim en Hisalba.

En la actualidad, la excelente salud del sector de la construcción en Andalucía ha disparado la demanda de cemento en la Comunidad, que se constituye como la primera en nivel de consumo del país, con 7,9 millones de Tm. en 2001, consumo muy superior al de otras comunidades como la Valenciana (5,8 millones de Tm) o Cataluña (5,4 millones de Tm).

Ello se debe en buena parte al ritmo imparable de la Edificación, fundamentalmente en las provincias del litoral, pero también a las fuertes inversiones derivadas del Plan de Infraestructuras 2001-2007 del Ministerio de Fomento y del Plan Director de Infraestructuras 1997-2007 de la Junta de Andalucía.

Al mismo tiempo que el sector cementero andaluz está realizando un importante esfuerzo económico en garantizar la seguridad y salud de sus trabajadores y en incrementar la producción de sus fábricas, se desarrollan mejoras en la eficiencia energética de las mismas y en la revalorización energética de residuos, a la vez que se implementan sistemas de gestión medioambiental con el objetivo de prevenir y controlar la contaminación y favorecer un empleo racional de los recursos naturales, verdadero reto de la industria del siglo XXI.
 

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